domingo, 23 de septiembre de 2012

PARADOJAS DE LA VIDA, Karmelo C. Iribarren



PARADOJAS DE LA VIDA

Para Eduardo Errasti


A ella le gustaba
Platón, estaba claro;
lo de la caverna
nos lo explicó cuarenta veces.

A mí no; a mí en cambio
me gustaba ella:
sus piernas, su sonrisa,
aquella forma suya de moverse.

Paradojas de la vida:

mi platonismo exacerbado
me costó un deficiente.

KARMELO C. IRIBARREN, El tamaño de los sueños, Anaya, Madrid, 2006, p. 14.

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