martes, 4 de marzo de 2014

SARMIENTO QUEBRADO, Javier Ximens

SARMIENTO QUEBRADO

   Como un vástago arrancado de la cepa me sentí cuando tuve que abandonar mi tronco, mis surcos, el olor a tierra regada, el sabor del tocino, el vino seco de la bota y a mi gente para ir a la guerra.
   Mi madre: aroma de heno, silencios amorosos, aljibe de consuelos, troje de recuerdos, tacto rugoso de su lana. Su toquilla.
   Mi María: aquel beso en los caños, como brisa del atardecer, suave y tímido, pluma acariciando mis labios; su cuerpo en la era, la cabeza sobre la albarda; el brillo de sus ojos, el cielo en la tierra. Su chal.
   Mi Carmencita: queso ahumado con jaras, sabor a pan recién horneado, risas de jilgueros en flor, simiente de esperanzas; acariciar su piel, pasar la mano por la mies. Su mantilla.
   La matanza. Cuerpos socarrados abiertos en canal. Barrigas hinchadas. Carne chamuscada. Tripas serpenteantes. Moscas a la sangre coagulada. Chicharras con gritos de espanto. Miradas acres de árboles calcinados. Hedor de cadáveres sazonados con pólvora. Matarifes en retaguardia.
   En el rastrojo, entre espigas humanas segadas y con el cielo azul por mortaja, veo tres estrellas de luto: decidles que no me esperen para la vendimia.






2 comentarios:

Ximens dijo...

Muchas gracias, Francisco, por traer el micro a tu espacio. Este microrrelato es un homenaje a mi padre y todos los que lucharon en la Batalla del Ebro.

Francisco dijo...

Gracias a ti, Javier, por un homenaje que se extiende también a mi padre (y a otros tantos que merecieron una juventud mejor).