domingo, 22 de junio de 2014

LÁGRIMAS Y FÚTBOL, Andrea Aspesi



LÁGRIMAS Y FÚTBOL

   Recuerdo cuando lloré por un partido de fútbol. Tenía unos seis años y poco antes me había apasionado y decidido a cuál equipo apoyar; escuchaba por radio la crónica de los partidos de campeonato y un domingo en la tarde mi equipo estaba perdiendo el partido. Yo quería hacer algo, apoyarlos, dar mi contribución, por eso, al terminar el primer tiempo, recé a Dios: “Te ruego que los hagas empatar, por lo menos, y te prometo ser obediente.” No pensaba que aquello fuera un argumento demasiado frívolo para que Él se ocupase del tema porque se trataba de fútbol y, entre los compañeros de la escuela, apoyar al propio equipo era una cuestión de fe.
   Se reinició el partido y comenzó mi ansiosa espera de la respuesta divina, pero pasaban los minutos, los pases terminaban fuera del juego, las acciones de ataque no llegaban al área penal, los delanteros de mi equipo no lograban siquiera patear al arco. Me pregunté el por qué de aquello y pensé: “Quizás en este mismo momento otro aficionado del otro equipo está rezando y pidiendo lo contrario de lo que yo he pedido a Dios. Quizás Él toma sus decisiones sumando y confrontando las oraciones y las buenas acciones de ambos.” Podía ser verdad que basándose en esa cuenta fuera correcto que mi equipo perdiese pero no me parecía justo.
   Cuando el cronista hizo su anuncio al silbatazo final del árbitro, lloré, y aún hoy me avergüenzo. Desde entonces han pasado los años y no sigo el fútbol como entonces y tampoco voy a misa. Hoy, cuando alguien me pregunta de cuál equipo soy simpatizante, respondo: “Soy ateo.”



Andrea Aspesi
&
David Vela

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