miércoles, 3 de octubre de 2012

ÉRASE UN HOMBRE, ERASE UNA MUJER, Sandra Cisneros




ÉRASE UN HOMBRE, ERASE UNA MUJER
       
   Érase un hombre y érase una mujer. Cada día de pago, un viernes de cada dos, el hombre iba al Friendly Spot Bar a beber y a gastarse el dinero. Cada día de pago, un viernes de cada dos, la mujer iba al Friendly Spot Bar a beber y a gastar su dinero. El hombre cobraba el primer y el cuarto viernes de cada mes. La mujer cobraba el primer y el tercer viernes de cada mes. Por esa razón, el hombre y la mujer no se conocían.
   El hombre bebía y bebía con sus amigos y creía que seguía bebiendo le saldrían con más facilidad las palabras para expresar lo que sentía, pero normalmente bebía y no decía nada. La mujer bebía y bebía con sus amigas y creía que si seguía bebiendo le saldrían con más facilidad las palabras para expresar lo que sentía, pero normalmente bebía y no decía nada. Un viernes de cada dos, el hombre bebía su cerveza y reía a carcajadas. Un viernes cada dos, la mujer bebía su cerveza y reía a carcajadas.  
   En casa, cuando caía la noche y salía la luna, la mujer alzaba sus ojos claros a la luna y lloraba. El hombre, en su cama, contemplaba la misma luna y pensaba en los millones que habrían mirado la luna antes que él, los que habrían adorado o amado o muerto ante aquella misma luna, muda y amorosa. Entonces la luz azul fluía por su ventana y se entrelazaba con la claridad de las sábanas. La luna, la misma O redonda. El hombre miraba y tragaba.
         

SANDRA CISNEROS, Érase un hombre, érase una mujer, Ediciones B, Barcelona, 1992, pp. 193-194.

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