lunes, 10 de diciembre de 2012

KITSCH EN MINIATURA II, Dorian Occhuizzi & Carlos Pazos



    Dada la rápida difusión del término kitsch, puede resultar sorprendente que en el ámbito español surja, simultáneamente al término alemán, un concepto parecido: lo cursi. Según el DRAE, “dícese de los artistas o escritores cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados”[8]. O describe una cosa que, con apariencia de elegancia o riqueza, es ridícula y de mal gusto. En lo que concierne a su etimología, “cursi” parece nacer en la tradición oral, de una coplilla [...] referida al vestuario llamativo de las hijas de un sastre francés de nombre Sicour [...] El estribillo de la copla, repetido rápidamente, daría origen a la palabra: “Las niñas de Sicour / Sicour, Sicour, Sicour...” [9]
    Para Ramón Gómez de la Serna que, en su ensayo de 1934 “Lo cursi”, [10] describe con gran placer y virtuosismo toda una colección de objetos de adorno que deberían salvarse de las huellas del tiempo, lo cursi “viene [...] del momento en que el hombre civil y aposentado se encuentra más consigo mismo y con sus seres amados y quiere hacer un microcosmos de su casa para cobijar en ella la paz, los tormentos íntimos y la felicidad.” Según el escritor madrileño, el calor protector que proporciona esa “adornística espontánea, ingenua, que quiere mimarnos frente al vacío se crea por el deseo de abrigar bien la vida y consagrar su contoneo”.
    Pero ¿existe alguna diferencia entre los conceptos kitsch y cursi, usados a menudo como sinónimos? Al contrario de lo kitsch, lo cursi no ha logrado extenderse más allá del ámbito hispánico que lo ha originado, y queda restringido a las prácticas estéticas y culturales de un mundo pequeñoburgués y altamente sentimental. Mientras que el término kitsch ha adquirido un toque glamuroso y ha alcanzado un estatus de culto, la palabra cursi no ha gozado de ninguna evolución sino que se ha aferrado a connotaciones negativas y se sigue asociando con expresiones desfavorables como “hortera” o “pretencioso”.


DORIAN OCCHIUZZI

IRENE ANDRES-SUÁREZ & ANTONIO RIVAS, La era de la brevedad. El microrrelato hispánico, Menoscuarto, Palencia, 2008, pp. 261-273.




[8] Cf Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Real Academia Española, 1984, vigésima edición, s. v. cursi.
[9] Carlos Moreno Hernández, “Un cursi” (1842), Espéculo, Revista Electrónica Cuatrimestral de Estudios Literarios, núm. 25, noviembre de 2003-febrero de 2004, Madrid, Universidad Complutense, http://www.ucm.es/info/especulo/numero25/cursi.html  (consultado el 30 de octubre de 2006).
[10] Ramón Gómez de la Serna, “Lo cursi” , en Lo cursi y otros ensayos, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1943, pp. 7-54. La primera publicación de este ensayo se encuentra en la revista Cruz y Raya (núm. 16, julio de 1934).


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