viernes, 4 de septiembre de 2015

DOS SEPULTUREROS, Lydia Davis

DOS SEPULTUREROS

   Un empleado de funeraria, llevando un cuerpo hacia el norte por la autopista, en Francia, se detiene en un res­taurante al costado de la ruta para almorzar algo. Allí se encuentra con otro empleado de funeraria, un colega co­nocido, que también paró para almorzar algo y está lle­vando un cuerpo hacia el sur. Deciden sentarse a la misma mesa y comer juntos.
   Roland Barthes es testigo de este encuentro entre dos profesionales. Es el cuerpo de su propia madre el que lle­van al sur. Los observa desde una mesa separada, donde se sienta con su hermana. Su madre, por supuesto, está acos­tada afuera, en el coche fúnebre.

LYDIA DAVIS, No puedo ni quiero, Eterna cadencia, Buenos Aires,2014, p. 53.
&
Dalibor Davidovic

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