lo sofoco. Debiera acaso abandonarme, pues
he de perderlo una y otra vez, aunque si admitiera
la pérdida, caería de hecho en la liquidación
que impone de antemano la añoranza. El que recuenta
escarba, recompone, falsifica. Cómo atinar
entonces. Haga frío o calor, olvidarse
en beneficio del transcurso, que es nuestro sino
y nuestra recompensa. Al pararme a pensar
de cuanto tuve sólo conservo su inconstancia.
FERMÍN HERRERO, La gratitud, Visor, Madrid, 2014, p. 32.
&
Jacek Tofil
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