viernes, 7 de diciembre de 2012

KITSCH EN MINIATURA I, Dorian Occhuizzi & Carlos Pazos



   A primera vista, resulta comprensible que ningún autor con el propósito de ser reconocido por la crítica quiera recibir la estigmatizante impronta de kitsch, como postula el crítico mencionado.
   Por eso, a estas alturas, se impone una definición de dicho término. El Diccionario de la Real Academia la ofrece, aunque algo limitada: "objeto artístico, pretencioso, pasado de moda y considerado de mal gusto"[4]. Aunque resulta sumamente difícil abarcar las estructuras conceptuales o las propiedades estilísticas que se relacionan con el kitsch, tanto en el ámbito del arte como en la vida cotidiana, el término se asocia con la producción en serie y la imitación e implica un conjunto de atributos de connotaciones negativas: patético, banal, mentiroso, falso, inauténtico, afectado, exagerado, sentimental, dulzón, untuoso, pegajoso, exuberante, frívolo, etc. Además, el kitsch se caracteriza por su trivialidad y su fácil e inmediato deleite.
   El uso internacional del término kitsch se debe seguramente a su alta capacidad expresiva y asociativa. Su etimología sigue siendo objeto de discusión y, hasta ahora, no ha sido aclarada. Proviene supuestamente del verbo alemán bávaro kitschen que significa "barrer el lodo de las calles" y que genera verkitschen "traficar con objetos de arte de escasa calidad". Aparece a mediados del siglo XIX, momento en el cual la industrialización empieza a facilitar la producción y distribución en serie de artefactos. Y, a partir de 1880, en los círculos de artistas de Munich, el término se consolida para calificar negativamente las copias de obras famosas producidas de manera barata que se venden por poco dinero en los mercadillos de arte. También se utiliza para definir el comercio ambulante de libros (en alemán: Kolportage) y la literatura superficial.
   Después de la Segunda Guerra Mundial, la palabra llega a cobrar un uso universal en su acepción de “mal gusto”... En aquel momento el kitsch sufre severas críticas por parte de antropólogos, filósofos, pedagogos y sociólogos, que ven en su consumo la decadencia moral e intelectual de las capas sociales inferiores; sin embargo, a partir de los años sesenta del siglo XX se produce un cambio paradigmático; artistas como Andy Warhol o Roy Liechtenstein empiezan a integrar elementos kitsch en su arte pop. Esta réplica a un previo consenso sobre una estimación negativa de dicha estética suscita una producción artística que utiliza elementos de mal gusto (por ejemplo objetos que se adquieren en tiendas de recuerdos) y se sirve del pastiche para ironizar o deconstruir conceptos de arte consolidados. Con la llegada de la onda retro, a partir de los años 80, el kitsch se convierte definitivamente en culto e invade los interiores de diseño y, paralelamente, nace un arte de vanguardia neo-kitsch. Este proceso de transición de una producción artesanal barata a una producción artística se refleja de manera ejemplar en la obra internacionalmente reconocida de Jeff Koons [5] o de la pareja de artistas franceses Pierre et Gilles.[6] En España tenemos, por citar algún ejemplo, a Antonio de Felipe o Carlos Pazos, [7] quienes suelen incorporar elementos kitsch en su arte híbrido. Numerosos artistas del ámbito hispanohablante han obtenido también fama mundial gracias a una estética neo-kitsch. Y, en la literatura, basta con mencionar las obras de Manuel Puig, Luis Rafael Sánchez o Severo Sarduy. Y no es necesario enredarse en prolijas explicaciones al citar el nombre de Pedro Almodóvar, figura clave cuyo arte rebosa de elementos kitsch y melodramáticos, siempre con una buena dosis de ironía, claro.

DORIAN OCCHIUZZI

IRENE ANDRES-SUÁREZ & ANTONIO RIVAS, La era de la brevedad. El microrrelato hispánico, Menoscuarto, Palencia, 2008, pp. 261-273.

Ilustración: Carlos Pazos 

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[4] Cf Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Real Academia Española, 2001, vigésima segunda edición, s. v. Kitsch.
[5] En el año 2007, Jeff Koons ha sido el artista vivo más cotizado mundialmente. Su obra “Hanging Heart” (corazón colgante) se vendió en una subasta de Sothebys en Nueva York por más de 23 millones de dólares.
[6] En la exposición Pierre et Gilles, double je, 1975-2007, en el museo “Jeu de Paume”, París, del 26 de junio al 23 de septiembre de 2007 se pudo admirar una amplia muestra de su obra.
[7] El Museo d’Art Contemporani de Barcelona le dedicó a Pazos una exposición con el título “No em diguis res” del 9 de marzo al 6 de mayo de 2007.

1 comentarios:

homburg dijo...

Para mal ou para ben, irremediablemente, a arte é filla do seu tempo. A nós tocounos un tempo composto de moitos tempos e unha arte composta de moitas artes. Hai 'un' arte kitsch porque hai 'unha' sociedade kitsch. Saber que un forma parte desa sociedade kitsch e, por enriba, producir arte intencionadamente kitsch e ter o valor de dicir que non vale para nada xa non é pouco mérito. Ai!, e por enriba, no menor dos males, ese non valer para nada non deixa de ser unha 'compañía na desolación'. Pero para que escribir aquí nada? Abonda con botarlle unha ollada a `C'est un bolero'. (Por suposto, todo esto xira en torno ó link de Carlos Pazos).