sábado, 4 de junio de 2011

AZAFRÁN, Juan Salmerón


AZAFRÁN

Sentadas alrededor de la mesa, las mujeres enhebran historias para olvidarse del esfuerzo de mondar la flor.
Las contracciones adelantan del corro a la primeriza. Es casi una niña. La estoy viendo: lleva el pelo recogido en el recato de un moño, el mismo que luce en la foto de su boda: su único retrato de juventud.
Ella piensa (yo lo sé, me lo ha dicho tantas veces) que, en nada, tendrá que destetar a la criatura para ir a la rebusca de la aceituna; que como el tiempo pasa pronto, pronto llegará el tiempo en que la niña (le palpó el vientre una partera) pueda ir a la escuela a aprender las cuatro reglas; y si no ella, piensa contrayéndose ante un dolor violeta y granate, tal vez la hija que su hija tenga sabrá elegir las palabras con las que poner en papel la historia que las mujeres no cuentan: esa de esta vida mísera que tiñe los dedos del azafrán con el que otros condimentarán su arroz.

Juan Salmerón

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