martes, 17 de diciembre de 2013

PADRE, Juan Carlos Mestre



PADRE

   Los padres mueren en invierno, tosen en invierno cansadamente sensitivos como trenes que ya no van a partir tosen mientras se deslizan sobre la nieve y tosen apartándose de la vida con la misma ternura con que alguna vez tosieron aceptando los insultos. Uno sabe donde comienza el año de las lluvias en la tos de un padre cuando las vacas inclinan su cerebro sobre los pastos y tosen los fresnos y los encinos tosen saludando al que pronto va a llegar a la tierra acompañado por las maestras que enseñan a poner la mano para toser la severa tos de los padres la educación de los justos cuando esa tos es ya nuestra culpa y tosen los cardos blancos las flores azules y los amores de dama que en la aterida arboleda pisan el corzo y el ciervo. Los padres mueren en invierno. La chatarra se oxida en los patios donde tiemblan tumbados los perros de caza. Blanca es la tos en los terribles metales y en las zarzas que no volverán a arder. Tosen porque el aire ha entrado ya muerto en este mundo y ninguna majestad ha partido con su mano huesuda las nueces donde el niño ha metido su cabeza para no oír las fiebres que cosen en las sienes del padre. Tosen los padres porque ha llegado su último invierno y ahora solo en donde hubo amor el tordo traerá su corona a donde canta el arándano. Oh, el ave ya está ahí sobre las herramientas con que el invierno construye el techo. Y los padres tosen sin decir otra cosa, tosen besando las tejas de lo soñado, las palas de madera, tosen, sin delicadeza tosen los padres. Y se van, llevan una bola roja en la mano delgada, tosen por la ciudad oscura cuando siguen tosiendo en nuestros pechos, ellos la cabeza más alta, algo contestan al mirlo que silba en el bosque.

JUAN CARLOS MESTRE, La bicicleta del panadero, Calambur, Madrid, 2012, p. 406.

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