martes, 3 de diciembre de 2013

VISIBILIDAD, Juan Jacinto Muñoz Rengel


VISIBILIDAD

   Cuando se sentó a la mesa reparó en que uno de los comensales era transparente. No invisible, transparente. En cuanto tuvo oportunidad, después de la cena, se acercó al hombre y le preguntó cómo llevaba aquello de la trans­parencia. A lo que el tipo contestó que tenía sus ventajas y sus inconvenientes, como todo. Él, claro, que de un tiempo a esta parte se había vuelto multivisible, con las prolon­gaciones de sus redes sociales conectándolo con tantos otros lugares, con sus dispositivos móviles iluminándolo como a un muñeco navideño, tan expuesto, no veía más que aspectos positivos a aquella condición.
   De madrugada, al salir de allí un camión arrolló al hom­bre transparente nada más pisar la carretera. Horrorizado, trató de ayudar sin éxito a encontrar sus pedazos, pensando que quizás estaba en un error después de todo. En ningún momento reparó en la nube de insectos que, atraída por sus luces y por la proyección de su imagen en medio de la oscuridad, le chuparía hasta la última gota de sangre.

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