martes, 14 de agosto de 2012

[TROPEZARON...], Antonio Mingote

   Tropezaron, ella al entrar y él al salir del ascensor.
   —Perdón —dijo él, pensando que acababa de chocar con una de esas cretinas atolondradas que se precipitan a la peluquería con la pretensión, una vez  bien peinadas, de seducir a un idiota y vivir a su costa para siempre.
   —No es nada— dijo ella, lamentando la abundancia de hombres presuntuosos, como ése, probablemente homosexual y sin más aspiraciones que la de llegar a tiempo para disfrutar el partido de fútbol bebiendo cerveza frente a la tele.
   Y siguieron su camino, él al quirófano donde operaba aquella tarde, y ella a la biblioteca a consultar unos datos sobre la memoria histórica que estaba escribiendo.
   No sabían que habían nacido el uno para el otro, que, juntos, habrían sido felices toda la vida.
   No volvieron a encontrarse en ningun otro lugar del universo.
        
   ANTONIO MINGOTE, El caer de la breva, Planeta, Barcelona, 2010, página 23.

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