domingo, 8 de mayo de 2011

CRÓNICAS DE OLVIDO, Graciela Baquero


1.
Olvido y yo entramos a la vida en un mismo golpe de labios convulsivos. La madre no percibió el doble nacimiento y lloró por el hecho de habernos perdido, y lloró por su cuerpo como casa de nadie, bramó como las bestias en noches imprevistas.
Sin embargo nacimos… La sangre cubrió nuestro único cuerpo y las laderas de una inmensa montaña.

3
Hay veces que temprano bajamos hasta los jardines del Prado y asistimos al aseo de los mendigos. La fuente, el jabón escaso, las mantas desplegadas sobre el césped. El hombre y el peine desdentados, un grupo de turistas japoneses cruza fotografiando la escena, mi1agrosamente, sin vernos. Un hombre dobla su abrigo satisfecho de supervivencia. La anciana intenta salvar la profundidad de un charco; se empeña y lo consigue. Hay una mujer pintándose los labios guiada por el espejo de un automóvil y un muchacho se picotea el cuerpo como un pájaro hacendoso.

La mañana cuaja en estos quehaceres y, mientras el frío se apacigua, Olvido y yo desayunamos el zumo de una naranja amarga.

7.
Ella me dice: “Has de estar a bien con tu tarea”. Y lo repite insistentemente por que no me malogre. Sé que nada le importa lo que escribo, pero no me deja desistir. A veces enloquezco.
Para aliviarme, me enseñó a enhebrar agujas, a reconocer el sabor en el olor de las comidas y a hacer la cama como quien ordena la guarida de un planeta.

10
Todos los años, al comenzar la primavera, bajamos hasta el río para ver como el suicida de la dársena siete sale del agua y lo vuelve a intentar.

19.
En invierno solemos pasar muchas horas en los bares. Nos gustan los bares. Nos gusta fumar en los bares. Tomar café, vino, ginebra a pierna suelta. Nos gusta confesarnos, dar la espalda, dar las gracias en los bares. Nos gusta ensombrecernos, besarnos, desaparecer, dormir niños, cantar, jugar a alguna cosa, hacer cuentas, reír, arrepentirnos de todos los excesos y sin embargo volver a intentarlo, una vez más, en las mismas circunstancias.
Olvido es quien se empeña y yo… me dejo hacer.


43.
“Que la suerte te acompañe”. Ese es el mensaje que ella tiene para mí durante el tiempo continuo de los viajes.
Ella va a desaparecer entre lo indecible. Va a evadirse hasta de su nombre, como en nuestro primer día cuando, naturalmente, su sangre se deshizo de mi cuerpo para ser su propio acontecer.
Olvido no hace concesiones, no me abraza sabiendo que lo imploro. Sujeta la gravedad de la noticia en mi cabeza y dice: “No tiembles. Todo saldrá bien”.


GRACIELA BAQUERO, Crónicas de Olvido, Pamiela, Pamplona, 1997.

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