domingo, 2 de octubre de 2011

LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS, Manuel Moyano


 LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS
  
   La historia refiere que Ibn Said al-Magribi, nacido en Alcalá la Real en 1208, concluyó al Libro de la esfera de la literatura ciento quince años después de que uno de sus mayores diera inicio a la primera página. La elaboración de la obra —una antología literaria de la España islámica— se extendió a lo largo de varias generaciones y ocupó a seis autores sucesivos de una misma familia.
   En sus Cuadernos de La Romana, Gonzalo Torrente Ballester nos recuerda el caso de los antiguos ceramistas chinos, quienes dejaban la arcilla preparada para que sus sucesores, a los que no verían nunca, la utilizaran un siglo o dos después.
   Pero no es preciso recurrir a ejemplos tan extremos para defender la certeza de que toda obra humana es necesariamente colectiva; detrás de cada línea que escribimos, por desdeñable que sea, se encuentra el pasado entero de los hombres: el descubrimiento del hierro; Egipto; los idiomas que mudan y se ramifican en el tiempo; las obras de Aristóteles, de Erasmo, de Freud; los versos pronunciados por un chamán anónimo junto al fuego; los mismos temores; idénticas esperanzas.

MANUEL MOYANO, La memoria de la especie, Xórdica, Zaragoza, 2005, pp. 101-102.

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